Duchazo

―¿Y eso? ¿Llegaste tan rápido?

―¿Por qué no contestaste el teléfono? 

―¿A qué horas llamaste?

―¿Ya miraste tu teléfono?

―No, me estaba bañando, es más, no sé dónde lo dejé―sale hacia el cuarto en su busca, regresa a la cocina, y finalmente lo encuentra encima de la mesa del comedor.

―¡Debes tener unas veinticuatro llamadas perdidas!

―¡Veintisiete! ¡Pucha! ¡Me vas a reventar el celular! ¡Con lo viejito que está!

―¿Por qué carajos no contestaste el teléfono?

―¿Que querés? ¿Qué lo meta a la ducha?

―!Te llamé durante cuarenta y cinco minutos! ¿Todo ese tiempo estuviste en el baño? 

―¡Pues si!

―¿Haciendo qué? ¿Si se puede saber?

―¿Qué hace uno en la ducha papito?

―¿Hoy te tocó la lavada del pelo?

―La lavada del pelo y otras cositas más. Que la afeitada aquí, que la afeitada allá…

―¡Si cómo no! ¿Y de aquello qué?

―Bueno, ¿ de qué estamos hablando? ¿De mi bañada o de tu llamada? ¿Qué querías?

―Hubieras podido dejar el teléfono sobre el lavamanos para contestar cualquier urgencia. ¿Para qué cuernos sirve un teléfono móvil si no es para tenerlo al lado? En el comedor hay un teléfono fijo, no entiendo por qué esa maña de dejarlo siempre allá.

―¡Se delicó el señor! ¿Cuál era la urgencia?

―¡Deje así! ¡Igual ya cerraron el supermercado!

―Ah…¿Por el aceite?

―¿Cuál aceite mujer? ¿De qué estás hablando? ¿Se te olvidó que me pediste los pañales de la niña? Quería confirmar cuál es la talla…

―¿Pañales? ¿Cuáles pañales? ¡Yo lo que te pedí fueron toallas higiénicas! ¡Que es muy diferente!

Santiago Benazra

17.04.2013