
Viene de Historia Personal (Parte 2)
Hola a todos, en el capítulo anterior quedamos en los problemas que enfrentan los arquitectos durante el período de formación académica. En mi caso particular, les cuento que pasé por 4 universidades, Cali, Bogotá, Montevideo y Marsella. Esto me permitió visitar muchos lugares interesantes, hacer muchos amigos y sobre todo conocer metodologías diferentes. Es cierto que han existido grandes arquitectos de talla internacional como Le Corbusier y Tadao Ando que han sido autodidactas, pero hoy en día este tipo de situaciones se dan poco, que yo sepa.
Después de la universidad y la tésis, los arquitectos recién graduados empiezan, generalmente, a trabajar como arquitectos “junior” o colaboradores en despachos. Digamos que lo normal es empezar como dibujante para otro arquitecto. Hace unas décadas las horas se pasaban frente a la mesa de dibujo, la regla paralela, las escuadras, los lápices y los rapidógrafos. Ahora el tiempo se pasa frente a una pantalla de computadora, dibujando planos en Autocad o haciendo “Renders”.
Durante los primeros años de trabajo como arquitecto junior, el sueldo es muy bajo, casi que uno se pregunta por qué se ha matado estudiando tanto para ganar lo mismo que un chofer de bus o un vigilante. Pero uno vé los arquitectos mayores con un poco más de experiencia y la vida que llevan y eso es quizá una motivación. En mi caso particular, yo siempre quise ser independiente, desde que empecé la universidad lo tenía clarísimo. Y mientras uno es dibujante para otro arquitecto, puede resultar una obra menor, remodelar el baño de una tía o cambiar el techo del garaje de un conocido. Si uno quiere meterse en las obras, eso se nota desde el principio.
Hay arquitectos de oficina, y allí se quedan toda la vida, sin meter un solo pie en las obras, y hay otros que se dedican a la construcción, sin arrimarse a una oficina. Claro, hay quienes estamos entre las dos. ¿A qué voy con esto? A que no todos los arquitectos, por tener un diploma colgado en la pared, son expertos en obras. La experiencia en construcción solo se adquiere ejerciéndola.
En la universidad se adquiere cierto conocimiento de la profesión, bastante limitado por cierto, ya que es una actividad que abarca gran cantidad de temas y dificultades, como lo pueden ver leyendo simplemente el índice de esta guía, sin contar que aquí no se habla del universo del diseño arquitectónico como tal ni de urbanismo. Pero uno sale de la universidad y es como tirarse de un trampolín de 10 m de altura, un gran vacío. Los arquitectos que están leyendo estas líneas saben a qué me refiero, y los que no saben aquí se los explico.
Quienes se quedan detrás de una computadora haciendo planos no arriesgan mucho, su sueldo llega a fin de mes sin mucho esfuerzo, pero quienes se dedican a la construcción y son independientes, lo arriesgan todo, y la pelea es ardua, día tras día.
Después de unos años de dibujante y algunas obras menores con familiares y amigos, es posible que empiecen a resultar proyectos de mayor envergadura, tanto si uno es empleado o ya arquitecto independiente. La experiencia va creciendo y uno se siente capaz de asumir retos más grandes, manejar más personal y mayores responsabilidades.
Ser independiente no significa trabajar en obras, uno puede ser independiente y trabajar en free-lance, haciendo prestación de servicios a terceros, como dibujante, maquetista, perspectivista o auditor en temas varios. En mi caso particular, así fue como empecé, dibujante independiente. Esta es una moneda de dos caras, se trabaja el doble, pero se puede ganar mejor. Es una decisión muy personal y un estilo de vida, quizá.
Desde el grado de la universidad hasta que resulta la primera obra de diseño y construcción, en otras palabras, hasta que resulta nuestro primer cliente propio, pueden pasar alrededor de 10 años. Es el tiempo promedio que toma la sinergia de relaciones sociales, relaciones profesionales, acumulación de experiencia y trayectoria profesional para converger en un primer proyecto de arquitecto. Esta obra inicial actúa como la primera ficha de dominó que empieza a empujar la siguiente, y de nuestra responsabilidad y profesionalismo depende que la secuencia nunca pare.
Bueno, no todo es tan color de rosa como parece. Cada obra y cada cliente es un universo propio, y resolver los obstáculos que se presentan, sumados a los que provienen de las entidades públicas, es una batalla de todos los días. Me atrevo a decir que un arquitecto, más que un diseñador o constructor, es una persona que tiene una gran habilidad para resolver problemas.
Cada día que pasa trae un nuevo proyecto, un diseño, una solución a un problema. No dejen de seguir estos artículos ya que son sumamente interesantes al tratar la realidad de las obras.
Espero haberles dado una idea más precisa de quiénes somos los arquitectos, de nuestra profesión, y nuestra entrega para sacar adelante sus proyectos de construcción. Tienen en frente un profesional apasionado que trabaja con toda su capacidad intelectual y su experiencia para entregarle al final una obra satisfactoria en todos los niveles.
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