
Toda ficción es autobiográfica, así como toda autobiografía es ficción.
varios autores
Croquetas Fritas
La anécdota de las croquetas fritas en Madrid es una historia inspirada de la vida real. Lo único que cambia son los nombres de los personajes, lo demás es verídico 100%. Un gran amigo de la infancia, casado con una chica colombo-alemana, me contó la historia durante una visita en su casa, en el otoño de 2022. Les sucedió a ellos recién llegados a Europa, veinte años atrás, cuando se encontraban trabajando en un restaurante, ella atendiendo las mesas, él haciendo un reemplazo en la cocina. La clienta mordió el bollo frito (la croqueta) y el grito fue real. Se presume que los minutos que sucedieron esa escena fueron absolutamente surrealistas.
Reemplazo de actor de películas para adultos
En el capítulo 16. «Piscina», Juan empieza a trabajar como jardinero en la casa de un mexicano que se dedica a realizar películas para adultos y un día, por cosas de la vida, resulta haciendo un reemplazo para una sesión de fotos porque el actor principal nuncá llegó. Parte de esta historia (no diré hasta dónde, no faltaba más), está inspirada en la vida real.
Pilar y Agustín
Dos personajes inspirados de la vida real, con sus mismos nombres, con sus mismas características. Cuando empecé a desarrollar el texto, fueron apareciendo un montón de personajes secundarios indispensables para darle forma al relato, mucho más de lo que tenía previsto. Cansado de llamarlos por su descripción, la amiga de fulana o el tipo de pantalón caqui y chaleco, por ejemplo, decidí darles un nombre propio, y así nacieron Pilar y Agustín, dos personajes reales, una pareja que no duró mucho tiempo en el relato, entre Cartagena y Miami.
Apagón
Tres veces se me apagó el computador con el que escribí el texto. Es un pequeño laptop de 13″, un «Surface», del tamaño de un Ipad, ligero, ergonómico y potente (con el que escribo estas palabras hoy). Un día decidió dejar de funcionar, así, de la nada, sin previo aviso, se apagó, y creí que era el fin. Busqué en internet varios tutoriales para «desvarar» la situación y el aparato volvió a encender. Después de unos meses, sucedió lo mismo. Y al final, cuando estaba por terminar la novela, sucedió algo extraño. Esta vez no se apagó mientras estaba funcionando, no, esta vez fue más extraño, no quiso prender una mañana, como si estuviera cansado de tanto escribir. Esa vez sí que pensé que era el fin del aparato. No me preocupó nunca perder los archivos porque tengo todo guardado en la nube, lo que me preocupaba era tener que comprar una computadora nueva, y sobre todo, cambiar de teclado, porque entretanto nos mudamos a Francia y aquí los teclados son diferentes, no tienen los acentos ni la misma disposición de las letras y hubiera perdido el ritmo de la mecanografía.
Vincent
Este personaje sufrió un cambio dramático desde su nacimiento hasta el final, pero no te estoy hablando de una cirugía plástica ni nada por el estilo, hablo de las características propias del personaje. En el organigrama que realicé para ir llevando el hilo de la historia, Vincent aparecía como el «gran amor francés» de Valentina, y tenía planeado que el personaje y la relación con ella iba a ser de la siguiente manera: iba a ser el enfermero encargado de vigilar la recuperación de Valentina en el hospital, internada por una sobredosis, así debían conocerse y enamorarse. Empezaba una relación una vez dada de alta y quedaba embarazada al poco tiempo. Después se casaban y ella echaba raíces en Francia. Vincent representaba el amor estable que ella siempre buscó, un tipo tranquilo, bonachón, sano y francés, por el tema de obtener la doble nacionalidad, la antítesis de Juan. Antes del nacimiento del bebé, Vincent debía morir (me pareció muy forzada la historia), lo que provocaba un inmenso dolor en Valentina y terminaba por detestar absolutamente todo de Francia, decidiendo regresar a Colombia, escapando de todo lo relacionado con él. Pero nada de eso sucedió, todo cambió cuando fue el momento de integrar el personaje en la novela. Lo transformé en un bombero, hice que se enamorara y que la persiguiera como un detective privado hasta encontrarla, y después de un sutil romance, la relación se desbarata debido al trabajo de Valentina en el club de Pole Dance. Vincent pasó de ser un enfermero, padre de su hija y muerto súbitamente, a ser un bombero simpaticón que la deja por no soportar su trabajo de bailarina nocturna.
Foto «Humana»
La imagen que viste al iniciar este artículo la creé gracias a la inteligencia artificial, más específicamente con Chat GPT y su creador de imágenes Dall-E. Para quienes no lo saben, para crear una imagen hay que darle «una orden» a la IA o escribir un «prompt» con todos los detalles. Las primeras imágenes no me gustaron ni poquito, no se ajustaban a lo que quería crear. Después de varios días sin pensar en eso, volví a hacer un intento con la idea de los peces multicolores en aguas turquesas, pensando en la imagen de Adolfo, el padre de Valentina, cuando se deja caer al mar y entra en comunión con la fauna circundante abrumado por las revelaciones de su hija.
En busca del título:
En 2013, recién llegado de Francia y adaptándome a mi nueva vida en Bogotá, tuve la suerte de ser aceptado en un taller de escritura de cuentos organizado por Idartes. Allí, bajo la guía del escritor Carlos Castillo Quintero, descubrí una metodología transformadora que me llevó a escribir El Beso Gourmet, un cuento de 20 páginas que, en su momento, me pareció brillante. Años después, al releerlo, sentí una profunda vergüenza; me di cuenta de cuánto había evolucionado como escritor.
Sin embargo, ese cuento, ambientado en un burdel a las afueras de Bogotá, donde los clientes pagaban por shows y un misterioso «muro perforado», sembró las bases de lo que más tarde sería mi novela. Los personajes principales, como Valentina, Macario, Lady Queen y Eusebio, ya estaban allí, aunque en forma inicial.
En 2023, de regreso en Francia, decidí retomar la idea y comencé a estructurar una novela basada en aquella historia. Pocos capítulos antes de terminar, gracias a la sugerencia de mi esposa, busqué un título que capturara mejor la esencia de la obra: una sola palabra, sobria, impactante y memorable.
Macario:
En mi familia pasó un personaje como un cometa: Olegario. Siempre me fascinó ese nombre; lo encontraba exótico, extraño, único. Nunca he conocido a otra persona que se llamara así. Yo era apenas un niño, tendría seis o siete años quizá, cuando Olegario dejó su huella en nuestras vidas. Años más tarde, al darle forma a la trama de la novela, busqué un nombre que tuviera la misma fuerza, rareza y singularidad, y así nació Macario.
A diferencia de Valentina, cuyo camino estuvo claro para mí desde el principio hasta el final, la vida de Macario fue un desafío creativo que disfruté plenamente. Desde su infancia, pasando por su adolescencia y adultez, hasta las relaciones con sus hermanos, novias y trabajos, cada aspecto de su historia fue un ejercicio intelectual fascinante. Crear las situaciones que enfrenta y los matices de su carácter fue, sin duda, el proceso más enriquecedor de todo el texto.
¿Recuerdas la escena en la que Macario regresa a la casa vacía y encuentra los congeladores llenos de comida podrida? Esa imagen nació de un evento real. En unas vacaciones, me fui a Italia y olvidé que había desconectado la nevera. Ese pequeño desastre doméstico fue la chispa que encendió la trama de la familia exiliada en Piliza, cuando Macario decide regresar a la ciudad. Fuera de esa anécdota, todo lo demás en su historia es fruto de la imaginación: ficción inspirada en las vidas del ciudadano de a pie colombiano.
Confieso que Macario terminó teniendo mucha más fuerza de la que originalmente planeé, aunque nunca sentí que se escapara de mi control. Al contrario, fue un placer absoluto construir toda la trama en torno a él. Al igual que Valentina, algunos rasgos de Macario están inspirados en una persona real que marcó profundamente a mi familia. Lamentablemente, ese ser querido se fue en mayo de 2020, víctima del virus..
Una trilogía compleja: capítulos, cronología y organigrama
Nunca antes había escrito una novela. De hecho, hasta el final no estaba seguro de si podía llamarla así, pensando más bien en un ensayo o un «ensayo de una novela». Todo comenzó con el capítulo Macario, que inicialmente ocupó el puesto 10 en el índice, luego el 12, después el 13 y finalmente el 15. Así descubrí lo viva que puede estar una historia y el caos creativo que conlleva darle forma.
La cronología, los capítulos y los personajes me llevaron más tiempo del que imaginé. Para organizarme, diseñé un organigrama en AutoCAD, como suelo hacer en mis proyectos de arquitectura. Lo que comenzó como un esquema claro terminó siendo un laberinto de líneas, flechas, personajes y anotaciones. Valentina ocupaba el centro, irradiando conexiones hacia los demás personajes principales y secundarios, como la tía Carmen, Adolfo o Sofía, que también exigían su lugar en la trama.
La construcción del índice fue un proceso de ensayo y error. Escribí el capítulo Estallido, que inicialmente sería el primero, pero terminó en segundo lugar, mientras Internado se encargaba de abrir la novela. De los 35 capítulos planificados, los primeros diez (más de cien páginas) se escribieron en el primer año, mientras que el grueso del texto se completó entre 2023 y 2024.
Una anécdota curiosa es que el final original, inspirado en el cuento base, era un desenlace macabro y sangriento. Sin embargo, mientras me acercaba a ese punto, decidí buscar un camino más amable, dejando las puertas abiertas para una posible continuación.
Estadísticas
La palabra más repetida, después de las preposiciones, es «había», del verbo Avere (en italiano), con 628 apariciones. Un dato que a nadie le importa, claro. Según mi editora Giovanna Piazza Trani, el nombre Valentina aparece 502 veces, Macario 462 veces y Carmen 235. La palabra aguardiente aparece 29 veces, aunque, a simple vista, eso parezca no tener ninguna importancia.
Sala Oval
Esta foto fue tomada el 22 de diciembre de 2023 a las 13:58 horas, un viernes, iniciando la tarde. Recuerdo que fue el día que salimos a vacaciones de fin de año. Por ese entonces yo trabajaba en una oficina de arquitectos y era el responsable de una de las obras del despacho. Ese viernes, último día antes de navidad, nos dieron la tarde libre para dedicarla a las compras de último minuto y yo aproveché el tiempo para ir a la Biblioteca Nacional sede Richelieu, la más hermosa de la Ciudad Luz indiscutiblemente. Resulta que la Sala Oval, donde me encuentro sentado en la foto, es la más emblemática de la Biblioteca, restaurada hace poco tiempo.
Estar allí rodeado de tanta historia y tantos libros es de por sí una experiencia metafísica. En la parte central, tiene unas 100 mesas (nunca las conté) tipo escritorio, con lámpara individual y un tomacorriente para conectar el computador portátil. La entrada es gratis, y, como te podrás imaginar, los escritorios son muy solicitados por los estudiantes universitarios. Fui un par de veces a escribir partes de la novela en la Sala Oval. La primera vez fui por curiosidad turística, la segunda vez no conseguí mesa y me senté en un sillón en la zona de revistas con la computadora sobre las rodillas hasta que se me acabó la batería.
La tercera vez (esta foto, iba por el capítulo 12 «Cortometraje»), fue la mejor de todas, no tuve que hacer fila para entrar y había muchos escritorios libres, algo insólito, claro, era viernes 22 de diciembre, todo el mundo andaba de vacaciones y de compras navideñas. Esta foto la tomé para enviársela a mi hijo, no lo hice pensando en publicarla aquí. La cuarta vez que fui (y la última), hice una fila de casi 1 hora (abren a las 10 am y los estudiantes van haciendo fila desde las 9 am) y no alcancé a coger una mesa libre: los jóvenes se lanzan a cogerlas como si fueran monedas de oro tiradas sobre el piso. Fue la última vez que fui a la Sala Oval a escribir. Puedes ver más fotos de la sala aquí.

Comentarios: Si has llegado hasta aquí, me gustaría leer tus comentarios sobre la novela: ¿Cuál fue el episodio que más te gustó? Algo que te haya marcado…puedes escribirme a santiago.benazra@gmail.com
Si quieres leer alguno de mis cuentos, ve aquí