
Viene de Historia Personal (Parte 1)
Quedamos en los 2 principales problemas que enfrentan los arquitectos en Francia, la NO necesidad de contratarlos para radicar una licencia de construcción y la pobreza de la arquitectura residencial por NO contratarlos en la construcción.
Pero dejemos de hablar de otros países y otras realidades. Vamos a Colombia, que es lo que más nos interesa. Empecemos por el principio, por los estudios universitarios. La arquitectura tiene fama de ser una carrera para quienes les “gusta” o “soportan” las largas trasnochadas. No es una leyenda urbana, es una realidad. ¿Por qué debemos trabajar por las noches? Por 2 razones básicas:
- La cantidad de trabajo es muy alta en la materia taller (diseño y maquetas)
- Nunca se trabaja bien si no hay presión de tiempo.
La asignatura Taller, que es prácticamente la más importante de toda la carrera, es una materia donde se estudia el diseño propio de la arquitectura y se plasma en maquetas. Mi experiencia personal durante mi paso por la Universidad San Buenaventura de Cali, y luego por la Universidad Javeriana de Bogotá, fue bastante dura al respecto.
Tenía Taller los martes y los viernes. Cada sesión duraba entre 3 y 4 horas, o más según el período durante el semestre. Las presentaciones de los proyectos podían ser individuales o tipo exposición, donde cada alumno colgaba sus planos en la pared y presentaba el proyecto al resto del curso.
Como más se aprendía de diseño, era viendo las correcciones de los otros proyectos. Yo trataba siempre de escuchar las sugerencias que hacía el profesor a los demás compañeros, traducción: me gustaba ver cómo destrozaban sus maquetas y rayaban sus planos, y no pensar que eso sólo me ocurría a mí.
Las correcciones eran siempre apasionantes porque hacer arquitectura y diseñar no es un ejercicio que se aprende con los libros, no son fórmulas matemáticas, es algo que se adquiere con la práctica, es un conocimiento abstracto, y la mejor forma de avanzar, es por medio del ensayo y error.
Si, hay ciertas bases que se deben saber, como la proporción, la ergonomía, la jerarquía, la modulación, el ritmo, la asimetría, y todas las nociones de la geometría descriptiva, la perspectiva, etc, etc. Pero diseñar es como escribir, no basta con conocer las letras de alfabeto para escribir un cuento.
En la carrera de arquitectura empiezan 100 alumnos y terminan 15, más o menos. Esto habla por sí solo, no es fácil. Los que pasan de quinto semestre son generalmente lo que terminan. Ya en séptimo y octavo se perfilan los futuros arquitectos.
Me atrevería a decir que el problema inicial de los arquitectos es terminar la carrera, es bastante dura. Durante las correcciones y presentaciones, vi a más de una compañera o compañero romper en lágrimas por el maltrato sicológico de los profesores. Se ven muchas discusiones, peleas verbales, insultos y ofensas (sobre todo de parte de profesores con ego importante). Ahí van cayendo los más débiles, y van quedando los más aguerridos o los más tercos.
Un ejemplo sencillo: a todos nos ha pasado con los regalos, tenemos una gran expectativa y una gran emoción de darle un regalo a un ser querido, nos hemos esforzado en comprarle algo que nos emociona un montón, y esperamos que a esa persona también le emocione. Abre el regalo y no le gusta, y lo peor, a veces lo dicen abiertamente, eso nos genera una cierta frustración.
Imaginen cuando uno ha hecho planos y maquetas, y uno cree que es el mejor proyecto del mundo, o por lo menos de la clase, y el profesor destruye la maqueta y raya los planos con un contundente: ¿qué es esta mierda? ¡Usted no sirve para esto! Es una frustración como la del regalo, pero mucho más profunda porque el proyecto lo hemos hecho con el alma, lo hemos diseñado, lo hemos construido, y hemos pasado en vela noches enteras para poder sacarlo adelante.
Vi muchas veces compañeros que se retiraban de la carrera después de una corrección de taller. Recuerdo que las mujeres en general sufrían más que los hombres, quizá por el machismo de los profesores, quizá porque eran más débiles y soportaban menos el maltrato sicológico. A mí me pasó con un profesor de la asignatura Urbanismo, en Cali. Durante la presentación de mi proyecto me dijo que yo no servía para eso, que por qué no estudiaba otra cosa, electricidad o mecánica. Di media vuelta y me largué. Llegué a casa y les anuncié a mis padres que no estudiaba más, que me iba a los EE.UU a estudiar inglés, y me fui para Hawaï. Luego les cuento lo que me pasó y por qué me devolví a los seis meses a seguir estudiando arquitectura, sin saber que estaba todavía muy lejos de terminar la carrera.
Hoy en día, pienso que las duras pruebas que pasamos durante la carrera son un buen entrenamiento para la vida laboral de un arquitecto, de alguna manera nos preparan para enfrentar la dura realidad de nuestra profesión, nos forja un carácter y una manera de analizar y relativizar los problemas para darles solución.
Estando en Francia, conseguí una clienta en la ciudad de Montpellier que quería construir una casa bioclimática. Yo vivía en Marsella por ese entonces, a unos 180 km y 2 horas en carro. Fui la primera vez a conocer el lote y el programa, y las siguientes semanas nos comunicamos por teléfono e internet. Desarrollé un proyecto sencillo que se ajustaba a las necesidades y al presupuesto de la familia, la comunicación fue siempre con la señora. Convinimos una reunión para presentarles el proyecto y hablar del contrato. Recuerdo que llevé al ingeniero térmico con quien solía trabajar cuando desarrollaba proyectos de bajo consumo energético.
Llegamos a la reunión al final de la tarde después de dos horas largas de autopista. Hicimos nuestra presentación, yo mi parte de diseño y arquitectura, el ingeniero su parte de aislamientos térmicos y eficiencia en el consumo energético. La señora se veía encantada, el señor, quien desde un principio se mostró seco y antipático, no pronunció una sola palabra. Cuando empezamos a hablar de metodología de trabajo y de presupuestos, el señor irrumpió con un: “no me gusta la casa”, sin darme la posibilidad de hacerle un ajuste de diseño a su gusto. Se paró de la mesa y se retiró. La actitud despectiva y la forma en que lo dijo nos cayeron como un balde de agua helada. Me acordé de las correcciones de Taller en la facultad, y me retiré de la reunión con una ligera sonrisa en los labios.
Con esta anécdota personal quiero cerrar este artículo de los problemas del arquitecto. Creo que tendremos que ir por la parte 3 y quizá por la parte 4, donde les contaré las dificultades que encontramos una vez terminamos la carrera y nos enfrentamos a la cruda realidad. Les contaré un poco más de mi trayectoria ilustrando siempre los ejemplos con casos reales, propios o de colegas cercanos.
Sigue con Historia Personal (Parte 3)