
Hoy me siento con ganas de escribir, estoy sentado en la mesa de mi comedor, afuera veo la llovizna caer, hace 17 grados Celsius, una temperatura promedio para un 7 de mayo de 2023.
En el capítulo anterior evoqué un posible cambio en mi carrera profesional y heme aquí, escribiendo desde Paris. He dejado atrás la aventura en Bogotá. Las razones son varias, pero principalmente porque la situación de trabajo no daba para más en Colombia, lastimosamente.
No tenía pensado quedarme de por vida, pero tan poco imaginé que en cuestión de tres meses tomara la decisión de regresar a Francia. Todo empezó en octubre de 2022 cuando estuvimos en Europa mi esposa y yo, celebrando nuestro décimo aniversario. Durante nuestro viaje pudimos pasar unos días en la Ciudad Luz y pude encontrarme con un par de colegas arquitectos con quienes había trabajado anteriormente. Ambos me comentaron que la carga de trabajo era alta, que todos los arquitectos y agencias de arquitectura estaban ¨full¨ de trabajo. Eso influyó mucho en mi criterio.
El último trimestre de 2022 realicé una pequeña remodelación de un apartamento al norte de Bogotá, y los pocos proyectos que debía empezar a finales de año y principios de 2023 se fueron esfumando como por arte de magia. Todos con la misma respuesta, los impuestos del nuevo gobierno.
Un amigo y colega arquitecto, colombiano, pasaría sus vacaciones en Boyacá en la casa de sus padres, de febrero a marzo de 2023, dejando desocupado su apartamento de París durante ese período, así que llegamos a un acuerdo financiero y lo ocupamos durante nuestra llegada a la capital francesa. Hicimos unos cuantos preparativos y un par de despedidas con amigos cercanos y familia y el 31 de enero zarpamos rumbo a Paris.
Llegamos a un aparta-estudio de 18 m2 (del tamaño de una habitación de hotel) muy bien ubicado en el distrito XVI de Paris. La primera noche llegamos al hotel donde trabaja mi hermana, nos consiguió un buen descuento, y al día siguiente salí a encontrarme con una amiga de mi amigo que me iba a entregar las llaves del «aparta-estuche». Pasamos de vivir en nuestro apartamento de Bogotá con casi 140 m2 a vivir en un ¨aparta-estuche¨ de 18 m2. Hay que ver el vaso medio lleno, es un nuevo comienzo y es provisional.
Al cabo de 2 meses, mi amigo regresó, desocupamos su guarida, y nos fuimos al apartamento de mi hermana, justo a las afueras de París. Dos noches después, mi esposa regresó a Bogotá para ocuparse de los temas pendientes y yo empecé seriamente a buscar un apartamento para nosotros, no me sentía cómodo durmiendo indefinidamente en un sofá-cama. Antes de cumplir un mes donde mi hermana, sucedió el milagro.
Encontrar un apartamento en Paris : Misión Imposible pero sin Tom Cruise.
Quienes hayan experimentado esa aventura me comprenderán. Te explico: la demanda es muy superior a la oferta. Cuando sale un anuncio de un apto, la gente hace cola para visitarlo. Uno llega a la cita y hay una fila india de 50 personas esperando para visitar el lugar. Es realmente absurdo. Todos con una carpeta en la mano van dejando una copia de su ¨dossier¨ al encargado de la visita. Naturalmente, el arrendador o la agencia inmobiliaria, selecciona los mejores candidatos, basados en su estabilidad financiera y codeudores.
No tenía estabilidad financiera ni codeudores, así que intuía que encontrar un apto iba ser más un milagro que una ecuación matemática. Y sucedió, tal cual. Los ángeles que me acompañan me dieron un empujón grande y encontré un apto muy agradable, muy bien ubicado, recién remodelado y amoblado, para estrenar. Insólito.
Pero hablemos del trabajo.
Cuando llegamos a Paris ya tenía cuatro entrevistas programadas para trabajar como independiente. Las programé un par de semanas antes de salir de Bogotá. Busqué en los anuncios de la web de la sociedad de arquitectos y tuve muchas propuestas, más de 10. Al parecer mi perfil con experiencia en obras era muy solicitado. Me dije que mantendría la línea de seguir siendo independiente, por más de que trabajara para otro arquitecto o agencia de arquitectura.
Y terminé trabajando en una agencia de una antigua compañera de trabajo, no estaba en mi lista de entrevistas, pero cuando me reuní con ella para retomar viejos contactos profesionales resultó que estaba buscando un arquitecto con mi perfil, y empezamos a trabajar enseguida.
Tengo a cargo una obra que empezó hace un año y que está a medio camino, digamos en un 60%. Una remodelación de un edificio antiguo, con 7 niveles y más de 10.000 m2. Realmente grande y compleja. Atrás quedó el arquitecto independiente que construye para sus propios clientes. Ahora soy empleado, cumplo horarios, tengo vacaciones limitadas y tiquetes restaurante.
El proyecto es sumamente interesante, aprendo mucho todos los días. Mi compromiso es terminar esta obra en el verano de 2024 y luego tomar otro rumbo, ya tengo una idea clara de qué voy a hacer y en qué quiero trabajar, como independiente, claro está. Por ahora me lo estoy tomando como una especialización de 18 meses en donde me pagan por aprender.
Pero te voy a dar una pista, porque has llegado hasta aquí con la lectura, me voy a enfocar en las casas campestres bioclimáticas, un tema apasionante del que hablaré mucho en las próximas publicaciones de mi web e Instagram.
Así que habrá una parte 7, quizá dentro de un año. 😉