
Hoy es sábado 20 de abril de 2024, casi un año desde que escribí la parte 6.
Y antes de resumir lo que ha pasado en mi carrera profesional este último año, quiero darte las gracias por haber leído hasta aquí.
Vamos al grano.
Mi contrato en la agencia de arquitectura terminó el pasado 29 de febrero (año bisiesto), atrás quedó el tiempo de trabajar como empleado. Muchas personas, e incluso muchos colegas, me aconsejaron seguir en la estabilidad laboral de «empleado». A casi todos les respondí lo mismo: un tiburón es un tiburón, un delfín es un delfín. No le puedes pedir a un tiburón que actúe como un delfín y viceversa. Yo necesito respirar aire en la superficie, como un delfín. Está en mi ADN.
El camino del emprendedor es arriesgado y lleno de obstáculos, pero cada logro es gratificante.
Así que aquí estoy, escribiendo esta «auto-biografía» profesional. Afuera hace 6 grados centígrados, un poco frío para un 20 de abril. La primavera no ha empezado aún.
Los 12 meses que estuve trabajando en la agencia de arquitectura fueron increíbles desde todos los puntos de vista. Conocí mucha gente del medio, conocí un poco mejor la ciudad (me desplacé todo el tiempo en bicicleta en lugar de tomar el metro), y lo más importante, aprendí como nunca.
Fue un año de actualización en procesos constructivos, terminología, normativa, técnicas, desarrollo de proyectos, relación con las empresas y los clientes.
No pudo ser un año más productivo. Hice una especialización en construcción (una más) y me pagaron por ello.
Fue una experiencia gratificante, y estoy muy agradecido por ello.
Si quieres ver un resumen de fotos del proyecto en cuestión, puedes hacer clic aquí.
Antes de terminar el contrato de trabajo, me ofrecieron continuar hasta el final de la obra, es decir, hasta junio, fecha prevista para hacer la entrega oficial. Por un lado, sentía la necesidad de recorrer el camino hasta el último día para ver todo terminado, pero por otro lado, nuevas posibilidades de trabajo empezaron a presentarse, y decidí partir.
El ritmo de trabajo era duro, pero nada a lo que no estuviera acostumbrado. Lunes y viernes trabajo en la agencia de arquitectura, cuadrando detalles en los planos, haciendo esquemas, leyendo y redactando correos. Martes, miércoles y jueves en la obra. El ritmo perfecto para mi gusto, un poco de oficina y mucha obra. Soy un arquitecto constructor, me gusta el ambiente de las obras, me gusta ver el proceso, resolver problemas, tomar medidas, relacionarme con los contratistas, subir y bajar, y tragar polvo, por supuesto. Si no te gusta tragar polvo, no vayas a una obra. Por lo general me pongo una mascarilla.
Debo admitir que me sorprendieron muchas cosas trabajando en este proyecto, quizá lo más impactante: los procesos y la toma de decisiones. Viniendo de un país como Colombia donde el ritmo de las obras impone las decisiones rápidas, en este caso, aquí en Francia, es todo lo contrario. Todo es lento, a otro ritmo. Para hacer un cambio es preciso consultar a muchas personas, muchos departamentos en un mundo corporativo. Un detalle (que yo hubiera resuelto en una conversación con el contratista) podía demorarse cuatro semanas en resolver, el tiempo que se tarda un email en pasar por todas las cabezas que toman las decisiones y volver a bajar al mundo de la ejecución.
Una decisión de obra debe ser rápida para no retrasar la ejecución, pero en el mundo corporativo puede tardarse varias semanas.
¿Te estarás preguntando entonces qué estoy haciendo ahora? Empecé a trabajar como arquitecto independiente con dos arquitectas por separado. Una alianza con miras a largo plazo. Por un lado, iluminación de proyectos arquitectónicos, por el otro, renovación de edificios, fachadas y cubiertas, para actualizarlos en términos de reglamentación térmica, un tema de
De eso hablaremos en la parte 8, quizá a finales de este 2024.
Nota : la foto fue tomada en los Jardines del Palacio Real contiguo a la obra, un día de invierno en que nevó.
